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«DIGNIDAD, LIBERTAD Y APOYOS»: EL LEGADO REVOLUCIONARIO DEL MOVIMIENTO DE VIDA INDEPENDIENTE

En el marco de la tercera jornada de las jornadas «40 años caminando», organizadas por ASPIMIP con motivo de su 40º aniversario atendiendo a personas con diversidad intelectual, las doctoras Maribel Campo (Psicología) y Nuria Villa (Pedagogía) ofrecieron una emocionante ponencia sobre la historia, filosofía y desafíos del Movimiento de Vida Independiente en España.

El acto se convirtió en un vibrante ejercicio de memoria histórica, activismo político y reivindicación de derechos humanos donde el concepto de Diversidad Funcional, acuñado en el seno del Foro de Vida Independiente, cobró un valor central frente al modelo médico-rehabilitador tradicional. ‪

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Un viaje de 40 años: De la invisibilización al activismo con nombre propio

La intervención comenzó con un ejercicio de memoria colectiva planteado por la Dra. Maribel Campo. Trasladándose a 1986 —año de fundación de la asociación—, Campo relató su propia transición vital: desde su juventud universitaria jugando al baloncesto en Salamanca hasta sufrir un accidente de tráfico a los 21 años que transformó su realidad física. «Hace 40 años no conocía a nadie con diversidad funcional intelectual o física.

Estaban invisibilizados. Hoy estamos aquí porque el activismo y la lucha han conquistado derechos que antes no existían», afirmó Maribel Campo.

La ponente puso de relieve el papel indispensable de la asistencia personal. Presentó en el escenario a su asistente, Soraya, matizando una distinción conceptual crítica para el colectivo:

«Yo no soy autónoma: no puedo coger un vaso de agua por mí misma. Pero soy plenamente independiente porque decido cuándo beber, cómo vivir y qué hacer con mi vida gracias a los apoyos».

Figuras clave del activismo que dejaron huella en España

La Dra. Nuria Villa abordó la genealogía del movimiento en España, que hunde sus raíces filosóficas en la Universidad de Berkeley (EE. UU.) en los años 60 y 70, pero que en nuestro país adoptó un sello propio a partir de 2001 con la creación del Foro de Vida Independiente. Villa rindió homenaje a tres figuras históricas indispensables que han marcado un antes y un después:

1. Javier Romañach Cabrero: Referente internacional de la filosofía de Vida Independiente, coguionista y activista prolífico. Durante la sesión, varios asistentes y residentes del piso tutelado que lleva su nombre leyeron los versos de un emotivo poema de Romañach, apelando a un mundo impregnado de «libertad con D de dignidad». Villa recordó su celebre máxima bioética: «Antes de hablar de una muerte digna, hay que garantizar una vida digna, garantizando la inclusión en la educación, el ocio y el trabajo».

2. Manuel Lobato: Profesor y activista fundamental que, junto a Romañach, acuñó en 2005 el concepto de Diversidad Funcional. Se recordó su reflexión: «Quienes nos desplazamos o sentimos de forma distinta no estamos enfermos. Podemos amar, ser amados, ser felices y aportar a la sociedad. Vida independiente es, ni más ni menos, libertad».

3. Soledad Arnau Ripollés: Filosofa y defensora incansable del impacto cruzado entre Mujer y Diversidad Funcional, cuya tesis doctoral supuso un hito en los estudios críticos del colectivo.

Además, se dio lectura al testamento vital y carta de despedida de Paco Guzmán Castillo. Su madre Paquita puso la voz a un canto a la vida, al sexo pleno, a la política cotidiana y a la exigencia a las Administraciones Públicas para que garanticen la asistencia personal como derecho de ciudadanía.

Universidad, Educación Inclusiva y Lenguaje Respetuoso

Ambas ponentes enfatizaron la trascendencia de la educación universitaria e inclusiva. Nuria Villa, como docente de Magisterio y Pedagogía, lanzó un mensaje tajante:

«Si un futuro maestro no va a tratar bien a sus alumnos con independencia de su diversidad, que se dedique a otra cosa. Las palabras duelen tanto como los golpes, y la escuela debe ser el primer espacio de dignidad e inclusión real».

Asimismo, Maribel Campo y Nuria Villa incidieron en que el lenguaje crea realidad social. Desterrar términos peyorativos o el capacitismo es indispensable para situar siempre a la persona en el centro de los derechos humanos.

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